Ángeles dormidos

Vuelvo a tropezar, mamá, y no estás

no estás para curar mis heridas de niño

soplando mis rodillas y mis lágrimas

aliento mágico de madres

mercromina y tiritas, sana sana…

Mis heridas ahora sangran hacia dentro

solo las siento, solo las sufro

¿Quién sanaba las tuyas, mamá?

¿Quién las besaba y te acariciaba el alma?

Cocinabas a fuego lento el estofado de la abuela

niebla de aromas en la cocina

lágrimas de cebolla, disimulado desahogo

-poned la mesa que esto ya está-

Tiempo de silencios y de pesetas, cara y cruz

crucifijos sangrantes sobre la cama

pasados que se ocultan y callan

Mejor no hablar, el luto enmudece historias.

Colgaste el sentir de mujer tras la puerta

y te pusiste la bata de madre de por vida

Te olvidaste de ti, de tanto darte

Me estoy volviendo transparente, mamá

todos pueden verme ahora tal como soy

sin filtros, indefenso, sensible…

No es evolución personal

ni exhibicionismo emocional

es mi forma de escribir la que me desnuda

propenso a lesiones, tropiezos y caídas

y no estás tú

para besar con ternura mis heridas.

 

Francisco J. Berenguer

Mejor no preguntes

Tú siempre querías saber más

pero hacías las preguntas equivocadas

y las respuestas reñían con tus expectativas

Inquietud y frustración en la misma danza

baile cognitivo del insconsciente colectivo

el placer onírico y la realidad que evitas

Yo me quedo en la barra

Hace tiempo que dejé de bailar

Hace tiempo que dejé de escuchar la melodía

Hace tiempo…

Fue entonces cuando hallé mis preguntas

Encontré silencio y las descubrí en él.

En el silencio contenido entre latido y latido

tregua de eternos segundos

donde el corazón descansa y se cansa triste de ver

que solo escuchas su latir y no la voz en su pausa

En el segundo antes de romper la ola

o el explosionar de un orgasmo

inundación densa en la orilla de tu cama

El silencio amniótico en la antigravedad placentaria

donde se escriben los prólogos de historias inéditas

de personajes inscritos en programados censos

de neonatos, amores, decepciones y decesos

Oscuridad y silencio es lo que hubo siempre antes

y lo que habrá después para siempre

Buscamos aplacarlo durante el chispazo fortuito

la efímera levedad finita e irrepetible

La vida

El sueño de un dios que creó humanos

a una imagen y semejanza distorsionada

como reflejada en un espejo roto y cuarteado

Pesadilla de hombres que crean dioses

con la misma distorsión en la concepción.

La pregunta no es qué hay después,

ni por qué, ni cuándo, ni cómo

Silencio fuimos

Silencio somos

Y en silencio nos convertiremos.

 

Francisco J. Berenguer

En silencio

Que calle la luz y las sombras la amordacen

que calle el tiempo y cada segundo se pierda en el abismo

que calle Dios, aunque nunca me haya hablado

que ni la lluvia suene al caer, en mi piel cada gota duele

que calle el silencio que ensordece, que oprime, que angustia

No quiero ánimos, ni ayudas, ni esperanzas

la vida no me ha tratado mal

yo la he maltratado a ella

me lo dio todo, confió en alguien que no pidió existir

alguien que no quería aprender,

que no quería amar, que no sabía

Extraño al nacer, huérfano de alma, de ser

desprecié placeres y me refugié en el dolor

en mi oscuro mar interno, espeso como petróleo

Que callen las voces de la conciencia

que calle el viento, que no silbe por mis grietas

que exhalen mis pulmones su último aliento

que se apaguen los latidos de un corazón ignorado

El albergue de una tumba húmeda y profunda

una lápida de mármol sin fecha ni nombre

de alguien que nació y murió

pero que apenas ha vivido…

Que callen las plegarias, no son bien recibidas

que callen las palabras en tus labios

y llora, si te place

las lágrimas no hacen ruido.

Francisco J. Berenguer