En tiempo Oscuro

La tierra tiene memoria y te reclama, paciente.
Carne de polvo y barro, agua, vino y sangre,
sin liturgia ni oraciones, sin cáliz ni ostias.
Nada tienes, nada te pertenece,
nada fuiste antes, nada volverás a ser.
Versículos deconstruidos, engaños apostolados.
Óvulos contaminados de pecados originales,
inocencia perdida entre sotanas y confesiones.
Aprendiste a vivir entre crucifijos y medallas,
santos estampados, rosarios y avemarías,
sensación de culpa hasta en la sopa, cuaresma.
Y tú, atrapada entre hábitos impuestos, convenientes.
Monja de claustro y silencios, maitines y ayuno,
añorando al hijo que te arrancaron, vergüenza.
Amor engañoso, embarazo impropio, lujuria y escarnio.
Ellos se ocuparon del problema,
tú aceptaste sin condiciones, ten fe, niña ingenua.
Y ahora, que la tierra te reclama, lloras por tu pena,
y no por tu vida.
Que la muerte se lleve tu sufrimiento, tan intenso,
y rezas para que ellos estén equivocados,
que no existan otras vidas,
convertirte en nada,
por los siglos de los siglos…

Francisco J. Berenguer