No lo sabes

Solo sé que no sabes nada

de mí, de ti, de la lluvia

y las evidencias…

Que el mar de dudas te cubrió

sin coger aire

antes de que te sumergiera la ola

mirada turbia, lágrimas y sal

No me ajusté a tus patrones

medidas estándar de talla pequeña

prejuicios encorsetados

relaja la cremallera y las doctrinas

que el sexo no reside en la entrepierna  

ni al amor lo alberga el corazón

Que no sabes nada

de ti, de mí, de la noche

Que ya no espero lo que prometió tu boca

que la realidad me lo escupió a la cara

que tu sonrisa ya no es la llave

ni tus besos

ni tus sabias manos que tocan allí donde es

donde el tacto se convierte en suspiro

donde piel y carne se estremecen

donde el placer acuna al dolor

nana de adultos que adormece

pero no lo duerme, ni amordaza.

Que compartiste mi cama, pero no mis sueños

sábanas pegadas al cuerpo delimitando siluetas

cadáveres templados envasados al vacío

No sabes nada

y en la nada me disuelvo

junto a trocitos de ti, de mí, de la lluvia

y tus mentiras…

Francisco J. Berenguer

Canción de despedida

Admiramos a la luna y su belleza
cuando solo es un satélite inhóspito
gris y amargado
sin titulación de planeta, dependiente
de una dosis de gravedad
que la Tierra le suministra
en un callejón oscuro
a escondidas de poetas enamorados
a cambio de un pacto con las mareas
y una sonrisa maquillada
cuando el sol le da en la cara.
Solo soy la parte que quieres ver,
o la que muestro
la mitad de mí, o quizá menos
cuarto menguante
No aterrices en mi cara oculta
no conoces los riesgos
allí no existe el amor, ni almas,
ni duermen ángeles
Ni siquiera hay dolor, ya sobrepasé la frontera
donde lo que duele se convierte en polvo
y mis lágrimas se solidificaron en cráteres
cicatrices eternas de quien cree
que tan solo él esconde una faz
estúpida ilusión cuando sabes
que hasta la luna
siempre oculta su mitad.

 

Francisco J. Berenguer

Clave de Luna

Ya no quedan atardeceres (rojos)

de carmín, de pasión, de besos en tu cielo (azul)

El sol no se oculta porque ya dejó de asomar

cansado de buscarla entre tus sábanas (negras)

Los días se hacen tan largos

en una habitación cerrada

enfermo de nostalgia, de destino (falso)

de corazón disléxico, arritmia diatónica

notas desacompasadas en clave de luna

No eres capaz de escuchar la sinfonía

que interpreta la vida tras las persianas (cerradas)

especialmente para ti, esperando tu intervención…

Siéntate al piano y demuestra tu arte (solista)

cree en ti, haznos creer que eres música

pronombre enclítico enlazado a tu verbo (único)

queremos verte, sentirte, descubrir tu partitura

el amor es mucho más que un desengaño (doliente)

No te prives de amaneceres y puestas de sol

sumérgete en la melodía de unos labios (desconocidos)

El mundo te reclama

solo tú puedes interpretarte

sube al escenario

y vive…

 

Francisco J. Berenguer

Frágil cuerpo

Qué fácil es destruir

No se necesita carrera, ni de fondo ni de toga

solo palabras

Poder de dioses mundanos que se creen poetas

y solo hacen malabares con las metáforas

mientras el semáforo cambia a verde

no subas la ventanilla, dame algo…

Palabras que ensalzan y humillan

que enamoran y matan, agonizan

que nacen blandas y se endurecen

como chicles bajo el pupitre

y las arrancas con las uñas

petrificada saliva ajena

de quien pronunció tu nombre un día

y al otro olvidó cómo te llamabas

Somos víctimas y verdugos de ellas

de sogas y guillotinas

cadalsos de madera en la plaza

espectáculo de horror que la mirada reclama

No quisiera causar dolor y lo hago

torpe inquisidor que toma mujeres por brujas

en la hoguera que yo prendí me quemo contigo

no pretendo perdón ni reconocimiento

solo escribo, vivir es difícil y hablar me cuesta

a veces las palabras no dicen lo que siento

Es fácil destruir un cuerpo

y más sencillo herir un alma…

 

Francisco J. Berenguer

Del revés

Reconocida ausencia, secuencia de recuerdos

lo que fuimos, lo que fuiste, lo que fui

Cruel asesina, colaboradora clandestina

escondiendo cadáveres (de tiempo y espacio)

y haciendo desaparecer el arma homicida (la promesa incumplida)

ocultando las pruebas de la decadencia

sobornando el silencio de testigos (los sueños no hablan)

¿Qué queda de nosotros? si alguna vez hubo un nosotros

o solo la ilusión de serlo

Forzamos el encaje de piezas de puzzles distintos

patética comunicación en lenguaje de signos (opuestos)

Nos sobraron adjetivos, verbos, besos, versos y rimas (asonantes)

dominamos bien la aritmética y la métrica (suicida)

pero nos faltó la simetría en el compás de un latido (inerte)

y la conclusión de un proyecto (inexistente)

Tiempo de tormenta se avecina, tras el cristal (cobarde)

fuera está la vida para quien se atreve a mojarse

No intentes buscar el significado a los paréntesis

las horas de terapia resultan inútiles

cuando solo ves señales y no su gestación (oscuro útero estéril)

Por la parte interna de mi piel tatué tu imagen

donde nadie puede verla y solo yo la siento

para que cuando muera y me vuelvan del revés

comprueben la ausencia que me mató aquel día

y por la que viví el resto.

 

((Francisco J. Berenguer))

Latidos en blanco

Los ignorantes te llaman muerte

cuando no eres más que vida

latente

que desde la luz del primer llanto

acompañas nuestros pasos

penitente

Procesión insigne y blasfema

olvidada de dios y de su mano

hilera de velas sin sentido

de figuras talladas, al hombro

portadores

al triste son de trompeta y tambores

 

Me enseñaste que el sexo es pasajero

y que el amor es tan solo una ilusión

un medio de transporte

entretenimiento al estúpido viajero

que da más valor al destino y la llegada

que a las delicias del trayecto y las paradas

Comprendí que siempre vivimos de paso

en el segundo anterior a un parpadeo

 

Te siento cerca desde hace días

lo noto en mis huesos, humedad artrítica

en los latidos en vacío del corazón

como si fuese practicando para el pulso final

Merecido descanso, sin protocolo, sin aplauso

como querencia de astado

buscando las tablas

herido de muerte

Sangre y arena, sin playa

sin el gran azul

sin olas que arrastran penas a lo profundo

sal que escuece y cura

que cicatriza y amortaja.

 

Tomamos un té y nos vamos, si quieres

aunque hoy es otoño y me pillas mal

no sé si será buen día para morir

tengo la casa manga por hombro

y una lavadora de blanco por poner…

 

Francisco J. Berenguer

El momento inadecuado

¿Por qué se empeñan los dioses

en atraparnos en carne?

 

Desperté de lo eterno por ti

recorrí miles de mundos y formas

visité universos paralelos

y concluyentes en lo perpendicular

puntos tangenciales

en los que no te hallé

Te busqué en agujeros negros

para disputarte con la nada

si fuera preciso

cloaca infinita, reciclador de estrellas

Conocí civilizaciones y sirenas

que intentaron cautivarme

cantos y melodías turbadoras

seducción inútil a mi propósito

Y por fin logré encontrarte

en este planeta azul, desde el cielo

y gris a ras de suelo

Tu intensa luz me atrajo

pero no pude tocarte

ni tú me podías ver

Estabas presa en un cuerpo

viviendo una vida asignada

ajena a lo transcendente

a lo sublime de la existencia

No podía intervenir

las almas no transgredimos normas

aunque el amor lo justifique

Me quedé a tu lado, sin que me vieras

Fui la presencia que movió tu pelo

un día sin brisa

La caricia que erizó tu piel

cuando estabas sola

A veces me mirabas

y tu mirada me atravesaba

me buscabas sin saber qué buscabas

ni lo cerca que estaba

Me alejé y te dejé vivir

y esperé paciente

porque las almas se encuentran

siempre se encuentran

a pesar de que a veces lo hagan

en el momento inadecuado…

 

Francisco J. Berenguer

Apenas… una vida

Me costó una vida

Me costó una vida poder reconocerme

entre turbios reflejos, dioptrías estudiadas

mostrando lo soportable, mirada indemne

espejo empañado por el vaho de la arrogancia

de duchas inútiles, pieles inmaculadas

y entrañas sangrantes, tumores de conciencia

Tiempos de obligado barbecho emocional

tras cosechas malogradas

sembrando dudas

semillas de amor, insegura simiente

transgénica mentira de escaparate.

Necesité una vida para ver lo que no soy

y reconocer en mis restos

que la grandeza no reside en quien te ama

si no en la capacidad que tú tienes de amar

y no importa que la reciprocidad exista

Ni llamadas perdidas ni mensajes sin contestar

cartas amarillentas que guardas en ese cajón

manuscritos antiguos con un corazón, de boli

creador primitivo de emoticonos

colores difuminados que tienden a escapar

en fotografías de tiempos desaprovechados.

Me costó una vida comprender

lo que el tiempo (y tú) me susurraba al oido

Una vida desperdiciada cuando adviertes

que no existen más vidas

y lo aprendido se pierde

y lo amado se olvida

…pero quema.

 

Francisco J. Berenguer

Ángeles dormidos

Vuelvo a tropezar, mamá, y no estás

no estás para curar mis heridas de niño

soplando mis rodillas y mis lágrimas

aliento mágico de madres

mercromina y tiritas, sana sana…

Mis heridas ahora sangran hacia dentro

solo las siento, solo las sufro

¿Quién sanaba las tuyas, mamá?

¿Quién las besaba y te acariciaba el alma?

Cocinabas a fuego lento el estofado de la abuela

niebla de aromas en la cocina

lágrimas de cebolla, disimulado desahogo

-poned la mesa que esto ya está-

Tiempo de silencios y de pesetas, cara y cruz

crucifijos sangrantes sobre la cama

pasados que se ocultan y callan

Mejor no hablar, el luto enmudece historias.

Colgaste el sentir de mujer tras la puerta

y te pusiste la bata de madre de por vida

Te olvidaste de ti, de tanto darte

Me estoy volviendo transparente, mamá

todos pueden verme ahora tal como soy

sin filtros, indefenso, sensible…

No es evolución personal

ni exhibicionismo emocional

es mi forma de escribir la que me desnuda

propenso a lesiones, tropiezos y caídas

y no estás tú

para besar con ternura mis heridas.

 

Francisco J. Berenguer

El resto de mí

Ya no quedan ganas

Ya no me quedan ganas de tener ganas

ni de amaneceres, ni playas desiertas

ni de sexo explícito e improvisado

o comprimido y reprimido

gritos ahogados

los niños escuchan

en la habitación de al lado

a pensión completa.

Ganas de comer o ser comido, devorado

de mi carne en tu boca, repleta

y el deseo por tus muslos chorreando

dulce y espeso, manantial de tu esencia

lubricante natural que suaviza tensiones

eficaz antidepresivo sin contraindicaciones.

Reclamo mi derecho a la tristeza

no quiero ser feliz por decreto

Las sonrisas duelen cuando se fuerzan

y el amor destroza cuando se finge

No tengo ganas de libertades presas

de leyes absurdas, de juicios pactados

No hace falta que leas mis derechos

lo que utilices contra mí lo tendré merecido

hablé demasiado cuando tuve que callar

os descubrí mi alma sin apenas filtrar

Mi pena, mi sentencia, mi castigo

esposado a la vida de por vida

Asesino de sueños en serie

de verdades preconcebidas

Las líneas de mi mano coinciden

con los posos de mi café

pero ya no me quedan ganas

de creer en mi destino.

 

Francisco J. Berenguer

De hueso y carne

A veces me siento tan frágil

que temo deshacerme

en cien historias

y algún poema

Ya son pocos los que escuchan

y menos los que leen

Lo siento, no soy de emoticonos

si me sacas una sonrisa

la podrás ver en mis labios

si quieres, si vienes

Mis besos son de carne

Me rompo, me fragmento, me disperso

en cien historias

y algún poema

Me destruyo, me disuelvo

tómame a pequeños sorbos

después de cada comida

Estoy repleto de contraindicaciones

y contradicciones

De verbos y pasiones irregulares

prisión condicional y subjuntiva

Lo que soy es lo que escribo

no sé fingir entre lineas.

 

Francisco J. Berenguer

Agua y tú

Me miras y sonríes

de la manera más hermosa que recuerdo

Porque cada sonrisa es única

como las huellas dactilares

¿Cuánto se puede vivir sin comer?

¿y sin beber?

¿cuánto podría sobrevivir sin ti?

Te das la vuelta en la cama y te acercas

y tus curvas encajan en las mías

reconocimiento de piel,

de tacto y aroma.

Tu sensual movimiento despierta mi pasión

el roce de tu cuerpo bajo las sábanas

un tierno gemido susurrado

de placer contenido

Tímidamente nos sorprende el amanecer

Me levanto y pacto con las cortinas

para que prolonguen la madrugada

¿necesitas algo? te pregunto

Agua y tú… me dices

me miras y sonríes.

 

Francisco J. Berenguer

Conjugándote

Soy tu tiempo indefinido

tu pretérito imperfecto repleto de manchas y tachones

de renglones vacíos

entre lineas manuscritas de apresurada letra.

Soy tu lágrima contenida

la que no llega a brotar

la más amarga.

Quisiera aliviarte la tensión de la espalda

abrazarte por detrás, sigiloso

y erizar tu nuca con un beso.

Me gustaría sentirme verbo en tu boca, crecer

y ser conjugado por tu lengua y tus labios

notar como tu saliva resbala por mi piel tersa

y ver en tu mirada el placer

como el infinitivo mejor compartido.

Quisiera descifrar tus señales una vez más

y detenerme en los puntos donde te estremeces.

Sentir en mi piel, tu piel y tus fluidos

tus silenciosos jadeos

el temblor de tu cuerpo

cuando alcanzas el paraíso.

Quiero que me dejes acariciar tus heridas

las del alma y tu vientre

besar tus cicatrices 

llorar por lo que perdimos

y ver lo que podemos salvar

entre las ruinas del desencuentro.

Quisiera hacer que nuestro futuro

sea más perfecto que incierto

y que amarnos

sea el indicativo de nuestro presente.

 

Francisco J. Berenguer

En silencio

Que calle la luz y las sombras la amordacen

que calle el tiempo y cada segundo se pierda en el abismo

que calle Dios, aunque nunca me haya hablado

que ni la lluvia suene al caer, en mi piel cada gota duele

que calle el silencio que ensordece, que oprime, que angustia

No quiero ánimos, ni ayudas, ni esperanzas

la vida no me ha tratado mal

yo la he maltratado a ella

me lo dio todo, confió en alguien que no pidió existir

alguien que no quería aprender,

que no quería amar, que no sabía

Extraño al nacer, huérfano de alma, de ser

desprecié placeres y me refugié en el dolor

en mi oscuro mar interno, espeso como petróleo

Que callen las voces de la conciencia

que calle el viento, que no silbe por mis grietas

que exhalen mis pulmones su último aliento

que se apaguen los latidos de un corazón ignorado

El albergue de una tumba húmeda y profunda

una lápida de mármol sin fecha ni nombre

de alguien que nació y murió

pero que apenas ha vivido…

Que callen las plegarias, no son bien recibidas

que callen las palabras en tus labios

y llora, si te place

las lágrimas no hacen ruido.

Francisco J. Berenguer

Antes de la medianoche

Cuando estuve en calma elegí mis miedos

los cubrí de sombras

los escondí bajo la cama.

De niño los miedos se adhieren a la piel

sin poder evitarlo

como si fuera el precio por la inocencia.

Ahora es distinto

tú temes a lo que quieres temer

de lo que te gusta refugiarte

de lo que usas como pretexto

o a lo que más deseas.

Pero existe un miedo que no se presta a elección

un miedo adulto que te va calando

como lluvia fina, casi sin sentir.

El temor a la soledad

no a estar solo

a la soledad eterna

la angustia de sentir

que cuando te vayas definitivamente

nadie te eche de menos…

 

Francisco J. Berenguer

 

 

 

 

No importa, soy yo

Nadie es lo que cree ser
aunque se construya día a día.
Ya no quiero pagar más rondas
ni que me invitéis una vez más
que cada uno enjuague su culpa
que cada uno aclare sus trapos.
Compartir penas no siempre ayuda
no me alivia cargar con las vuestras
y no espero que soportéis las mías.
Estamos más solos de lo que pensamos
somos islas de hueso y carne
y no soy más que un renglón torcido
en tu cuaderno de poemas amargos.

 

Francisco J. Berenguer

En do menor

Vives preso de tus errores y tus vicios

siempre hay alguien que te los recuerda

Por tu bien

Saben leerte en los posos de tu café

Sus juicios alimentan su poder sobre ti

te reducen

te empobrecen

te simplifican

Eres una semifusa en la partitura del gran concierto

una insignificante octava de segundo

que hasta el oboe ignora

Me has vomitado la vida encima

no te extrañe que me cambie de ropa.

 

Francisco J. Berenguer