Obsolescencia Desprogramada

Material defectuoso, sustancia contaminante

que se expande, sigilosa

por los márgenes de mi compañía

Líquido corrosivo que mi piel exuda

como aquella pila olvidada

en el transistor del abuelo

Saliva envenenada

que disuelve tus besos y te hiere a distancia

si te escupo palabras

a los ojos

Serpiente cobarde enroscada y oculta

en el hueco de tu confianza

Nada bueno fluye en este miserable pozo

hedor insoportable para quien me destapa

No me busques curas ni reciclajes

soy el vergonzoso error que se oculta

rumor de velatorio

Acéptalo, ya no quedan almas

para tantos cuerpos

Estoy tan lleno de vacíos que ya ni duele

me faltan fuerzas para la siguiente función

me sobran mentiras y excusas

Humano incompleto, material defectuoso

mi destino no era ver la luz de tus días

ni la sombra de los míos

Alguien debió retirarme a tiempo

de la cadena de montaje.

Francisco J. Berenguer

No leas esto

Noto correr el tiempo por mis venas

Latidos como segundos golpeando uno tras otro, siempre hacia delante.

Mi cuerpo es un templo de tiempos perdidos, de silencios. Ruinas de quien mal envejece.

Duele más lo que se guarda. Habitaciones cerradas custodiadas por el olvido, que a veces deambula arrastrando los pies, cubiertos de moho y espeso polvo, con esas viejas llaves oxidadas ¿Oyes su lastimero tintineo? ¿ese que no te invita, pero te condena?

Negligencia inadvertida y descuidada. Hiciste lo que tuviste que hacer, convéncete de ello, es lo necesario para subsistir. No existen más fantasmas que los que habitan en ti.

Lloré en el vientre de mi madre y ella creyó que era especial. Lloré porque descubrí lo que se me venía encima y no quería nacer… pero ya tenía el tiempo en mis venas, hacia delante, como latidos, como tambores. Procesión de muerte disfrazada, condenado a vivir.

Sé hacia dónde me dirijo porque conozco el lugar de donde procedo. Todo en el universo es tan simple que sorprende. No existen respuestas porque no hay preguntas. La evidencia está para quien quiere beber de ella. Todos somos especiales y, a la vez, insignificantes. Todo está muerto y vivo al mismo tiempo. Lo que crees infinito y eterno solo es un parpadeo, y en un segundo se gestan miles de años.

No existe la esperanza porque no hay cura.

El sexo es una trampa para crear individuos que sufren y que busquen sexo para aliviar su sufrimiento y vuelvan a caer en la trampa.

La vida es una plaga en sí misma que pretende extenderse y perpetuarse por encima de todo y de todos. A ella no le importas más que como mero instrumento para su propósito. La naturaleza es un mecanismo perfectamente diseñado para sobrevivir donde no importa el sacrificio del individuo por el bien común… pero el individuo eres tú.

Mejor no pienses. Mejor olvida. Mejor sueña.

Pero el tiempo corre también por tus venas, latidos como segundos, siempre hacia delante. Condenado a muerte en este gran circo de gladiadores donde no hay emperadores, ni pulgares hacia arriba.

Lo siento. Hay quien te dirá que la vida es un milagro y que tiene momentos hermosos y tiernos. Y te ensalzará el amor, la música, el arte, la belleza. Son necesarios mecanismos de supervivencia del ser humano para poder dar sentido a toda esta mierda… ya te advertí que no leyeras esto…

 

Francisco J. Berenguer

Síntomas de soledad

Era un colegio gris, de cemento gris en el patio y las paredes, y baldosas grises o marrón oscuro en los pasillos y las aulas. Era mil novecientos setenta y tres y alguien un día, con sus pequeños dedos, ampliando un desconchón de la pared, descubrió marcas de disparos. Huellas de muerte, restos de odio. Lo veíamos con asombro, pero con preocupante naturalidad. Ahora me estremezco al pensar que tan solo treinta años antes, quizá menos, fusilaron allí a personas, en el mismo patio donde, apiñados, se jugaban diez partidos imposibles a la vez, con diez balones y más de cien piernas.

Era un colegio solo de chicos, las chicas distraen, decían, de hecho, apenas había mujeres aparte de una profesora que le daba clase a los más pequeños y se encargaba, además, del coro para los festivales de navidad y del “santo patrón” del colegio. ¡Ah…! y del mes de María, esos meses de mayo que acabábamos antes las clases de la tarde para hacer ofrenda a la virgen. Todavía recuerdo alguna letra de las canciones: “Venid y vamos todos con flores a porfía, con flores a María, que Madre nuestra es…”

Eran tiempos de formar en el patio antes de subir a las clases, que estaban en un primer y segundo piso con un balcón corrido que daba a la platea desde donde nos observaban los profesores. Tiempos de himnos y consignas, de religión y patria, de silencios obligados y miedos ocultos… no preguntes, no quieras saber demasiado, no quieras descubrir la verdad, cree lo que te decimos, obedece. Ya sabes quien escribe la historia tras una guerra.

Era un chico raro entonces, creo que siempre lo he sido, no tenía habilidad para el fútbol y casi siempre me quedaba fuera cuando (chapí, chapó) los capitanes elegían a los chavales para formar parte de su equipo, si éramos impares yo sobraba. Me gustaría decir que no me importaba y que no me causaba tristeza y frustración cuando me quedaba el último para que me eligieran y, o bien no lo hacían directamente o alguien me incluía en su equipo por pena o falsa camaradería, pero no sería cierto.

Supongo que eso sirvió para potenciar la afición que siempre había tenido de imaginar e inventar historias, crear vidas y momentos y soñar que los vivía… síntomas de soledad, alivio de ignorados. Pero descubrí que esa misma soledad era compartida con un puñado de niños que, por un motivo u otro, soportaban esa exclusión forzosa o forzada de la popularidad deseada. Y nos juntamos, como una pandilla de superhéroes lisiados, en un rincón del patio a resguardo de balonazos, para compartir nuestras desdichas.

Y así fue cómo esa afición de crear cuentos, situaciones y personajes imaginarios cobró otra dimensión. Comencé a ponerle voz y a dar a luz mis historias junto a ese niño gordito mientras comía su bocadillo de chorizo, con ese empollón de gafas gruesas y empañadas, con el niño que parecía una niña y con ese que aparentaba estar siempre enfermo. Tanto a ellos, como a mí, nos servía para evadirnos de esa realidad que nos incomodaba, la que no terminaba de aceptarnos, la que nos dejaba fuera de ese equipo al que queríamos pertenecer y de ese juego al que queríamos jugar.

Escuchaban mis palabras casi sin pestañear y cada día, día tras día, me pedían más y yo inventaba, me las preparaba en casa o improvisaba sobre la marcha… eso era lo que más me gustaba… como ahora, más de cuarenta años después, me siento ante una hoja en blanco e improviso. Unas veces surge algo nuevo, que ni siquiera tenía previsto, otras, tal como hoy, revivo algún recuerdo de esos que te asaltan por sorpresa, y otras, simplemente, se queda sin mácula el blanco.

Los impactos de bala fueron cubiertos, nuevamente, con cemento gris y los niños seguimos jugando, ajenos a la tragedia, sobre sangre desintegrada por mil lluvias de agua limpia y amargas lágrimas, con diez balones, más de cien piernas… y una historia por contar…

 

Francisco J. Berenguer

Todos somos… monstruos.

Hay seres que nunca deberían haber existido

Se descuidó la naturaleza, sucumbió al engaño de los monstruos

que se disfrazaron con la piel de los primeros hombres

Sed de sangre y sexo, sometimiento y poder del macho

instintos arraigados que justifican al animal, denigrando al humano

A veces temo ser uno de ellos, mi monstruo inquieta mis entrañas

Todos tenemos uno ¿o solo soy yo quien lo posee?

Me avergüenzo de él, no por lo que hace, porque lo domino y subyugo

sino por lo que es capaz de hacer, de pensar, de decir…

Quizá mi monstruo sea mayor que el de cualquiera y por eso escribo

y lo canalizo en mi escritura

aplaco su sed con mis historias y personajes que él cree reales

lo mantengo preso tras los barrotes de mi mente

tal vez lo esté sobrealimentando

criatura deforme que no puede ver la luz, oculta en mi interior

de donde no pueda escapar… no debe.

He visto monstruos asomar de quien menos sospechaba

y no solo en machos, las hembras también lo albergan

Los he visto nutrirse del dolor que se convierte en odio

y el odio los engrandece, se tornan valientes y miserables

capaces de torturar y devorar vidas, de hacer daño por placer.

Creo que el mayor logro del ser humano es haber aprendido a contenerlos

a partir de ahí se pudo crear la música, la literatura, la poesía

se pudo amar, apreciar la belleza

y disfrutar de los placeres de la existencia…

O quizá todos seamos monstruos disfrazados de piel y carne

actuando en el gran circo de la vida

jugando a devorar y evitando ser devorados

creyendo tanto en nuestro papel asignado que ignoramos la realidad

aunque esta, a veces, nos escandalice manchándonos las manos

con la sangre de un inocente

que, simplemente, pasaba por allí.

Francisco J. Berenguer

Solo abrázame

“Trastorno adaptativo. Depresión, ansiedad, anhedonia. Insomnio. Fobia social, aislamiento, irritabilidad. Pensamientos autolíticos. Desesperanza. Problemas vegetativos y cognitivos…”

“Tienes que reconocer que estás enfermo, eso lo primero, para poder tratarte y pensar que lo que sufres es como cualquier otra enfermedad que se cura, pero debes tener paciencia, las cuestiones de la mente requieren un proceso más lento y dilatado. Relájate, deja que el tiempo y estas pastillas hagan su efecto, aumentamos la dosis y la frecuencia de toma si es preciso, no hay problema, y luego pasaremos a terapia con el sicólogo, cuando los niveles de tus neurotransmisores sean los adecuados. Todo irá bien.”

Tenemos tendencia a etiquetar y a etiquetarnos.

Hacemos o decimos algo de una manera determinada porque es lo que se espera de nosotros, es el rol que nos han impuesto o que nosotros hemos adoptado. Y nos sentimos cómodos y nos justificamos al decir “es que yo soy así” …y te lo crees…

Y yo no me creo nada.
Me busco, me creo y me destruyo,
y me vuelvo a crear de forma diferente.
No quiero patrones, ni planos complicados,
arquitectos sofisticados, complejos neuronales
zonas verdes de aire contaminado
No soy el que ayer fui
ni el que seré mañana
Cambio, me adapto, me transformo
Siempre me has conocido de vista
nunca mi ser, profundo, el que habita este cuerpo
Quizá mejor así
Porque soy un enfermo diagnosticado
por todo lo de arriba entrecomillado
por todo lo que digo
por todo lo que pienso y me callo
por todo lo que creí y me engañaron
Dioses recortables en templos de piedra
amores gelatinosos que no soportaron mi temperatura
melodías de sexo mil veces plagiadas
No quiero repetir plato, ni segundo ni primero
estoy tan saciado de estupideces que paso de postre
Ponme un café, negro, cargado, sin azúcar
y sácame la cuenta que esta comida la pago yo
No, no quiero chupitos regalados.
solo dame un abrazo sincero
a veces el contacto con otra piel
es mejor que cualquier medicación…

 

Francisco J. Berenguer

Sueños de siesta

  Puede que no escriba más                                                                                              y a nadie le importe                                                                                                              

Ha sido en las noticias de las tres, en la televisión, mientras recogía la mesa después de haberme comido entera una bandeja de canelones precocinados. Dos raciones ponía en la caja, pero yo me he quedado con hambre. Claro que también ponía que eran de carne, pero mientras los tenía en la boca dudaba si me había equivocado y había metido en el horno los de atún. Intuyo que no es bueno que apenas haya diferencia. Vivir solo, no saber cocinar e importarte una mierda tu salud es lo que tiene. Paraíso de los alimentos congelados y procesados, calentar y servir.

Pues como decía, en la tele dieron la noticia y yo me quedé paralizado a medio camino entre el comedor y la cocina, nueve pasos no hay más, con la bandeja de aluminio en la mano y un tenedor, porque, como es natural, me los como directo de la bandeja, así no ensucio platos y no tengo nada más para fregar que un tenedor relamido sin rastro de bechamel.

Dijeron que habían descubierto que en WordPress la mayoría de los usuarios eran perfiles creados por ordenador, que no eran gente real y que publicaban entradas basadas en no sé qué historias de algoritmos y secuencias digitales. Y lo que es más sorprendente todavía es que esos seres virtuales podían interactuar con otros haciendo comentarios, respondiendo, poniendo “me gusta” e incluso llegar a tener una conversación totalmente natural contigo… conmigo…

No tardó mucho esa noticia en extenderse también a otras redes sociales como Facebook, Twitter, instagram. Todo está repleto de perfiles falsos, de vidas inventadas, de comentarios manipulados, creadores de tendencias. Nada es real, está todo dirigido a sacarnos información personal sobre nuestros gustos, vicios o temores. Para inundarnos de publicidad, para controlarnos… control… que el rebaño no se disperse, que coma, que compre, que vote lo que ellos deseen y te hagan creer que es también lo que tú deseas. 

¡Joder! o sea que yo creía que me introducía en un medio serio donde escribía gente con inquietudes literarias para compartir mis tímidos escarceos en este mundillo y resulta que todo es mentira, que no existís ¡Pues vaya mierda!

Así que sois mis seguidores virtuales… sí… tú, que estás leyendo esto ahora, puede que no seas más que la recreación digital de un ser humano y ni siquiera lo sabes e incluso pienses que tienes una vida propia y real… ¡JA!

Puede que nada exista.

Quizá no seamos más que proyectos de vida creados en la mente de un Dios aburrido en la soledad del universo. Sueños de siesta de un creador gordo y sudoroso después de una obscena comilona, catador excelso de los siete pecados capitales y alguno más que se saque de la manga púrpura de su traje celestial.

Junté en mi cuarto a todos los asistentes virtuales que tengo (Siri, Cortana, Alexa y Google) y les pedí que me contaran un chiste. Tras una estudiada pausa respondieron  al unísono…

Tú.

Y se descojonaron con digitales y sensuales risas de mujer.

Francisco J. Berenguer

Frágil cuerpo

Qué fácil es destruir

No se necesita carrera, ni de fondo ni de toga

solo palabras

Poder de dioses mundanos que se creen poetas

y solo hacen malabares con las metáforas

mientras el semáforo cambia a verde

no subas la ventanilla, dame algo…

Palabras que ensalzan y humillan

que enamoran y matan, agonizan

que nacen blandas y se endurecen

como chicles bajo el pupitre

y las arrancas con las uñas

petrificada saliva ajena

de quien pronunció tu nombre un día

y al otro olvidó cómo te llamabas

Somos víctimas y verdugos de ellas

de sogas y guillotinas

cadalsos de madera en la plaza

espectáculo de horror que la mirada reclama

No quisiera causar dolor y lo hago

torpe inquisidor que toma mujeres por brujas

en la hoguera que yo prendí me quemo contigo

no pretendo perdón ni reconocimiento

solo escribo, vivir es difícil y hablar me cuesta

a veces las palabras no dicen lo que siento

Es fácil destruir un cuerpo

y más sencillo herir un alma…

 

Francisco J. Berenguer