Azul Profundo

Te creí aliado, amigo incondicional, latente entre mareas.
Azul profundo.
Que haces desaparecer las huellas de mi arena, las que duelen,
pero también traes restos de pasado a mi orilla,
naufragios causados por mi torpeza en la navegación.
Mi brújula marcaba siempre el norte equivocado,
o era yo que me empeñaba en descubrir todos los cardinales,
al mismo tiempo, viviendo deprisa,
como si mi vida a los veinte fuera a acabar…
Aunque en realidad sí que acaba,
nunca nada vuelve a saber igual, a oler igual, a sentirse igual.
Azul profundo, y en tu profundidad hubo un día que olvidé respirar.
¿Recuerdas?
Fue la primera vez que me sentí parte de ti, del mar, de la naturaleza,
de la vida, de lo intangible, de lo que existe y lo que no,
aunque sí, pero no lo vemos.
Pasaron segundos o minutos, u horas, no sé.
Allí sumergido a unos cinco metros, en perfecta sincronización.
A veces creo que todavía sigo ahí, contigo.
Que nunca volví a subir a la superficie
Que la vida que he creído vivir no me pertenece.
Que solo son ecos de otras vidas.
De los deseos, los amores, las tragedias y los sueños de quienes se sumergen en nuestras aguas.
Que compartimos su existencia, que todo está conectado.
Que todo fluye y concluye en la serenidad eterna de nuestro azul…

En el verano de 1984, rozando los veinte años, en un día de buceo, sumergido a unos seis o siete metros, me quedé concentrado sintiendo la inmensidad de la existencia en mi propia piel y olvidé que tenía que respirar, como si fuese parte de aquella maravilla, en perfecta comunión con lo que me rodeaba. Cuando volví a tener conciencia de mi cuerpo y la alarma en mi cerebro me hizo reaccionar por la falta de oxígeno, me impulsé con todas mis fuerzas hacia la superficie. La primera y apresurada bocanada de aire que se introdujo en mis pulmones fue como el primer aliento de un recién nacido. Me sentí cercano a la muerte y a la vez con la sensación de haber vivido varias vidas. He intentado, a lo largo del tiempo, volver a buscar y repetir esa experiencia, pero nunca he llegado a conseguirlo. Quizá sea lo mejor, temo que si vuelvo a sentir la vida con aquella intensidad obvie mis alarmas y me deje llevar por la paz del azul profundo”

Francisco J. Berenguer

De mar y espuma

Ella lo creó a partir de un sueño

su sueño, su deseo

con un poco de arena gruesa del acantilado

…una pizca de sal, una pincelada de espuma…

La curiosidad calmó el embate de las olas

y la mar, expectante, se tornó espesa

latente y silenciosa

Ella continuó, ajena a las mareas, moldeando sus músculos

tomó prestado un haz de sol y bronceó su piel

de las algas oscuras pigmentó su pelo, negro y ondulado

los ojos azules como un trocito de cielo

Lo hizo hermoso y estudiadamente imperfecto

luego besó su frente y estimuló su conciencia

besó sus labios y le provocó el deseo

Y antes de que despertara del todo

le susurró algo al oído y se deshizo en mil gotas saladas

mil lágrimas que el mar reclamó como suyas

Él amaneció en la playa, solitario y confundido

pero tenía dentro una voz, un rostro difuso, un aroma

Entonces fue cuando ella se convirtió en el sueño de él

su sueño, su deseo

Y la buscó por todos los mares y las tierras conocidas

e incluso en lugares que ningún mapa se atreve a conjugar

verbos y linajes ocultos por el bien de los mortales

Incesante, incansable, ignorando lo que la vida le ofrecía

cegado por una quimera

Pobre ser iluso, soñador, idealista y embaucado

empleó todo su tiempo en una búsqueda imposible

No supo nunca que el amor tan solo es un canto de sirena

melodía extinta, delirio de trovadores y poetas

¿Quién, en su sano juicio, es capaz de creer en ello?

No hace mucho, un atardecer con el mar en calma

sin viento ni corrientes, su velero se detuvo

perdido en un océano cualquiera, azul como todos

Ya no le quedaban fuerzas, ni lugares que examinar

se tumbó en cubierta, exhausto, y se dejó morir

Encontraron su barco días después, sin rastro de él

pensaron que se había caído o tirado al mar

tan solo era un hombre trastornado, viejo y solitario

Pero nadie sabe que recibió una visita

justo antes de que la vida le abandonara

y ella volvió a besar su frente y sus labios

pero vio en sus ojos el dolor y la frustración

de quien siente haber desperdiciado toda su existencia

“–No lo entiendes –pronunció ella con la voz más dulce

que un hombre jamás escuchara

No has malgastado tu vida, no temas

has viajado y conocido más lugares y gentes que nadie

y yo he estado siempre a tu lado

he sentido tus miedos, he llorado contigo, he reído

he respirado tu aliento cuando dormías

y tú el mío

eres un buen hombre, pero todavía no te has dado cuenta

El amor no sabe de tiempo ni de carne

ni mucho menos de lugares

dije que yo te encontraría cuando dejases de buscarme

y así ha sido

ahora duerme, descansa… por fin has llegado a tu hogar

Se abrazaron y se deshicieron en miles de partículas

miles de lágrimas que el mar reclamó como suyas

y se fundieron en él

…con una pizca de sal y una pincelada de espuma…

 

Francisco J. Berenguer