De paseo

Soy un cobarde, lo confieso, aunque sea evidente.

Hoy tengo que salir a la calle y me da miedo.

Temo a la gente, a lo inesperado, a no saber afrontarlo.

Iré por lugares poco frecuentados, donde no se me conozca, ni reconozca.

Que nadie me salude, ni yo tenga que saludar.

Que nadie me pregunte ¿cómo estás?

Caminaré con la mirada fija en el suelo, aislado en mi propia sombra.

Si me ves ignórame, yo haré lo mismo contigo.

Como si no nos conociéramos, como debe ser, como es.

Todos somos desconocidos envueltos en órganos y piel.

Ella me espera en su consulta con la misma sonrisa fingida de siempre.

Con la misma bata blanca de siempre abierta sobre su propia ropa, como queriendo decir que tiene otra vida aparte de este espacio frecuentado por enfermos mentales.

Otra desconocida en su orgánico envoltorio deseando catalogarme para que encaje en alguno de sus estudiados patrones de diagnóstico.

Saldré de allí peor que entraré, lo sé.

La solución no está allí.

Sé lo que necesito, y también cómo conseguirlo.

No, no es eso que estás pensando.

O quizá sí.

Pero temo afrontarlo.

Porque sé lo que va a pasar.

Todo esto ya lo he vivido, o sentido, o imaginado.

Te podría contar tantas cosas, pero no deseo contagiarte.

El miedo hace metástasis en el conocimiento, en las ideas, en la palabra.

Mejor así.

Créeme.

Francisco J. Berenguer