Ángeles de piedra

Anhedonia: Incapacidad para experimentar placer. Pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades. Falta de reactividad a los estímulos habitualmente placenteros.

Crees que es un sueño, tan solo un mal sueño.

Fruto germinado de semillas rancias cuyas raíces invaden tus entrañas, se enredan, se entrelazan alrededor de tu estómago, lo oprimen, lo penetran, dolor punzante, se alimentan, te alimentan, te digieren, te digieres. Canibalismo introspectivo, devorador de pensamientos, sentimientos y deseos. De dentro hacia fuera, licuando tus órganos con su veneno, deshaciendo proyectos, desvaneciendo ilusiones.

No eres lo que fuiste, aunque antes tampoco es que fueses una maravilla. Lo que queda de ti se dispersa en el trayecto de la cama al sofá… migración inútil… continua hibernación.

Has dejado pasar la vida tanto tiempo, sin implicarte, sin saborear lo que te ofrecía, que se ha olvidado de ti. Y te da igual. Ya no tienes que fingir, no queda nadie a quien engañar, hace mucho que se alejaron y borraron tu número de sus agendas. Aunque insistas en llamarlos, sus teléfonos les dicen que eres un desconocido, insignificante, un error, una llamada perdida de las que se ignoran.

Te convertiste en testigo mudo y desprotegido de juicios absurdos, espectador autista que ni ríe, ni aplaude, ni llora. Y contemplas el final de tu lamentable actuación como si fuese ajena, una película aburrida que deseas que termine… y volver a la cama, por el mismo sendero, surco desgastado en el pasillo, arrastrando los pies, zapatillas deshilachadas, hedor a sudor y dejadez.

Crees que es un sueño, un mal sueño, tiene que serlo.

Pero sabes que todo tiene sentido.

Recuerdas aquel día.

El día del entierro.

Deseaste no sentir tanto dolor

deseaste no sentir

convertirte en un ángel de piedra en el cementerio

velando su tumba.

 

Francisco J. Berenguer