La suave brisa de los tiempos

Quisiera retroceder en el tiempo hasta el momento en el que nos conocimos… y volver a empezar.

No me refiero a cuando hace cuarenta años, tras aquel concierto de rock, en el aparcamiento, vomitaste sobre mis pantalones todo el vodka que habías ingerido, casi sin sentir, cuando dabas botes cerca del escenario, desafiando y desafinando letras y música. Allí me enamoré de ti, a pesar de que los primeros fluidos que compartiste conmigo fueron asquerosos, creo que el pantalón tuve que tirarlo al día siguiente, pero fue maravilloso encontrarte, o más bien, reencontrarte…

Cada vida que pasa es más complicado, pero siempre llega el momento en el que coincidimos. Aunque tú vivas en un país y yo en otro continente, aunque tú acabes de nacer y yo haga uso de mi plan de jubilación. El destino juega con nosotros, nos lo pone difícil a veces ¿verdad? Pero cumple siempre su palabra, nuestra promesa, nuestro pacto.

Cada vida es una búsqueda sin saber qué o a quién buscamos. Solo lo sabes cuando lo encuentras, cuando nuestras líneas se entrecruzan debido a una madeja imposible de decisiones y casualidades, te veo y en ese momento me doy cuenta del sentido que tiene todo lo que antes de ti no tenía. Es entonces y solo entonces cuando recuerdo lo que somos, lo que hemos sido, las vidas anteriores en las que siempre nacemos separados en la distancia y en el tiempo, pero volvemos a encontrarnos, es inevitable, maravillosamente inevitable… ojalá tú lo recordases también. No tendrías miedo a la muerte, a esta terrible enfermedad que nos quiere separar ahora.

Duerme, descansa, no te aferres a la vida, ni al dolor. Estoy aquí contigo, siempre he estado y estaré. Volveremos a encontrarnos, no temas. Es el juego de la existencia. No, no estoy loco, créeme por favor. Si pudieras saber lo que yo sé estarías tranquila. Existen otras vidas y en todas estamos tú y yo, y nos amaremos como en esta, como en tantas otras.

Por eso quisiera retroceder en el tiempo hasta el primer momento, el primer instante en el que nuestras vidas coincidieron y ver qué error cometimos. ¿Por qué tú no recuerdas y yo sí? ¿Por qué nuestro amor es tan grande que no se puede consumar en una vida, ni en cientos de ellas?

A veces dudo, aunque no te lo diga, y no sé si tienes razón, estoy mal de la cabeza y toda esta historia la he construido sobre el dolor y el miedo a perderte para siempre. Ya no sé si esto es un milagro, una bendición, una maldición o una tortura.

Quizá amar tanto no sea tan bueno. No tiene sentido. Ni la vida, ni la existencia, ni el amor, ni nada de lo que vemos lo tiene. Me dormiré a tu lado, me consumiré junto a ti, te amaré hasta el último aliento. Y que alguien encuentre un día dos cadáveres eternamente abrazados, por si no hay otras vidas, por si todo es fruto de mi imaginación. Por si esto que nos une no es tan especial como creo, estúpido arrogante que se siente superior al resto de los mortales. Es la sublime negación a la pérdida, a la muerte, a que nada trascienda. Es lo que nos hace creer en dioses y en promesas de paraísos, el pensar que no hay nada más tras el último suspiro. Aceptamos nuestra muerte, pero no somos capaces de concebir el “no existir”.

Quizá el amor, y solo el amor, mantenga viva la ilusión de creernos eternos.

Duerme, déjate llevar, descansa, estoy contigo. Cierra por fin los ojos con la tranquilidad y la confianza de que, si existen otras vidas, te buscaré en ellas y te encontraré entre la suave brisa de los tiempos, y volveremos a estar juntos, de nuevo… porque no puede ser de otra manera…

Francisco J. Berenguer

Escrito por

Solo tenemos dos vidas, la tangible, la que llamamos real, y la que soñamos o imaginamos. Cuando me piden que hable sobre mí siempre dudo hasta dónde profundizar, quizá ni yo mismo me conozca tanto para hablar sobre cómo soy. Prefiero escribir y que lo que refleje en esas lineas me describa, que hable de mi realidad, de mis sueños, de mis miedos, de lo que quiero ser o, incluso, de lo que aborrezco. Nuestras vidas discurren sobre pedazos de sueños rotos. Yo imagino sueños, creo mundos y construyo personajes e historias cada día. Me dicen que eso no es real, que tengo que salir y disfrutar de lo que la vida me ofrece, pero cada uno busca su parcela de felicidad y se intenta quedar donde la encuentra. No soy mucho más que eso, lo que lees, lo que imagino y lo que escribo.

2 comentarios sobre “La suave brisa de los tiempos

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