Será septiembre

Respirar el tiempo y el espacio, quisiera. 

Física cuántica en ese hueco, debajo de las sábanas, cuando todavía nos devorábamos con la mirada, donde todo era posible y previsible, donde la relatividad dilataba el momento y el éxtasis con la matemática precisión de un orgasmo compartido, implosión controlada, mi silencio y tus gemidos.

Realidades paralelas y teoría de cuerdas, esas que utilizabas para tender tu ropa interior en el universo alternativo de nuestra inconsciencia, sin pinzas ni ataduras, desafiando al viento de la otra dimensión. La que te susurraba al oído que el cuerpo se compone de moléculas de carne inestable que se convierten en sombras enfermas y en muerte. Que la vida es el efímero instante de una ilusión, de un sueño que la materia tuvo con la complicidad de las estrellas.

¿Y quién creó mi pesadilla?

¿Quién atrofió mis músculos y decidió que no pudiera controlar mi cuerpo?

¿Quién pensó que era buena idea que mi mente siguiera lúcida mientras mi templo se desmoronaba? Ruinas flácidas de extremidades laxas, a veces, o retorcidos nudos de tendones que  muerden por dentro con la rabia de una fiera atrapada.

Será en septiembre, tiene que serlo, por favor, es mi mes.

Yo nací en septiembre y moriré en él, lo sé.

Ya no duele el dolor, no el propio más que el de quien me acompaña.

Tampoco place el placer, ya no quedan fuentes ni manantiales. Hasta la música parece burlarse de mí.

La vida me mantiene preso.

Mi cuerpo, la celda que me humilla.

Solo pido una cosa: dejar de ser humano.

Que dejéis todos de serlo, la humanidad es otra historia.

Quisiera recuperar el instinto animal. Nunca debimos olvidarlo, ni camuflarlo. La ley, la moral y la religión no existen en el universo, ni en la mente virgen de un neonato.

Dejad que la naturaleza, que mi naturaleza siga su curso. La evolución se equivocó con nosotros, se equivocó. Nos creó el dios que perdió a los dados. Si alguien hubiese ideado un mundo no sería como este.

Si pudiera, todavía, hablar o escribir, o mirarte a los ojos sin temblar, te diría lo que he descubierto, lo que no sé, lo que no siento. El enorme abismo en el que me hallo, del que quiero escapar y no puedo, ni siquiera está bien desearlo.

Solo deseo que llegue septiembre.

Que abras la ventana y mecerme con la brisa de levante.

Yo no soy de polvo, ni de ceniza. Soy de mar y de lluvia, de viento y espuma.

De azul y de sal.

Respirar el tiempo y el espacio, quisiera.

Descansar en la orilla de tu playa,

y que la marea nos reclame un día… para siempre.

Francisco J. Berenguer