Entre ciencias y letras impuras

Nunca entendí por qué una barrita de cincuenta gramos te engorda un kilo, y que para perderlo tengas que caminar durante horas varios días seguidos. La física y la química se llevan mal en mi cuerpo.
Tampoco entiendo cómo unas simples palabras, pronunciadas en pocos segundos, pueden causar tanto dolor, y que ese dolor perdure semanas, meses y años. O que las ausencias causen tristeza, o que una mirada te rompa los esquemas.
No entiendo por qué dicen que Dios descansó el séptimo día cuando tenía tanto por hacer todavía, o por arreglar, o mejorar. Tal vez fue un problema laboral y los sindicatos le obligaron. No sé por qué inventamos dioses para justificar nuestra existencia.
No sé por qué el tiempo es tan importante si la mayor parte de él estamos recordando el pasado o planificando un futuro. Vivimos en la franja equivocada, la que no existe, porque solo el presente es… aunque dure un segundo.
Y la música emociona. Y un abrazo reconforta.
La vida se empeña en mezclar conceptos, como si ya de por sí no fuese complicada. Los trastornos existenciales me acarician desde niño.
En mi cuerpo ya no cabe un alma. Mi pajar está lleno de agujas, las que perdisteis en el camino intentando coser vuestra alma al cuerpo, para que la semejanza se parezca a la imagen de quien os dejó a medio hacer.
Y los pequeños detalles son importantes. Y el trayecto más interesante que el destino. Y los preliminares más placenteros…
Tengo tantas dudas que llenaría folios, y de certezas renglones contados.
Solo somos la parte que no se nos ve. No seamos presos de la carne, ni sexualicemos tanto la vida. Demos prioridad a la inteligencia en esta mezcla.

Escrito por

Solo tenemos dos vidas, la tangible, la que llamamos real, y la que soñamos o imaginamos. Cuando me piden que hable sobre mí siempre dudo hasta dónde profundizar, quizá ni yo mismo me conozca tanto para hablar sobre cómo soy. Prefiero escribir y que lo que refleje en esas lineas me describa, que hable de mi realidad, de mis sueños, de mis miedos, de lo que quiero ser o, incluso, de lo que aborrezco. Nuestras vidas discurren sobre pedazos de sueños rotos. Yo imagino sueños, creo mundos y construyo personajes e historias cada día. Me dicen que eso no es real, que tengo que salir y disfrutar de lo que la vida me ofrece, pero cada uno busca su parcela de felicidad y se intenta quedar donde la encuentra. No soy mucho más que eso, lo que lees, lo que imagino y lo que escribo.

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