Lo más triste y hermoso

Llevo desde poco antes de las seis de la mañana intentando dar el inicio adecuado a esta entrada. Escribo algo, no me gusta, lo borro, vuelvo a comenzar, sigue sin gustarme, lo modifico, lo reescribo, lo elimino, me hago un café, me quemo la lengua, me remuevo en la silla, la postura, la luz, el teclado, me levanto y amanece, lo escribo a pluma en mi cuaderno de notas, la pluma da otro toque diferente al bolígrafo, me inspira, pero no me convence, no lo logro hoy, pero insisto porque vale la pena. Al final, tonto de mí, me pongo los auriculares y escucho la música de la que os quería hablar. Podía haberlo hecho antes pero no quería llorar hasta el final, como en las buenas películas, y ha sido escuchar las primeras notas y ya está. Qué mal se escribe con los ojos empañados.

Es curiosa la capacidad que ciertas melodías tienen para transportarte a otros mundos, a otros sueños o realidades, o hasta lo más íntimo de ti, a ese lugar que ni siquiera sabías que existía en tu interior, donde quizá no querías llegar o agradeces haber descubierto. Para mí, una de esas maravillosas creaciones que realmente consiguen conmoverme, si no la que más, es “Adagio for Strings” de Samuel Barber. Lo más triste y hermoso.

Recomiendo que os toméis unos minutos de vuestro tiempo y lo escuchéis con tranquilidad, a ser posible con auriculares o en un buen equipo de música, cerrad los ojos y dejad que la línea melódica os envuelva, procurad dejar la mente en blanco porque las ideas, los pensamientos, los recuerdos o los sentimientos surgirán solos… Y bueno, si os deja indiferentes, por lo menos os habrá relajado y habréis escuchado un ratito de buena música.

Seguro que muchos conocéis esta obra, o la habréis escuchado ya u os sonará de algo. La han empleado en algunas películas y anuncios, la más peculiar por la temática, y fue precisamente en esa donde la descubrí, es en la banda sonora de “Platoon”, una película que trata sobre la guerra de Vietnam.

El particular episodio donde se incorporó esta melodía a la banda sonora de mi propia vida fue hace unos años, tras la muerte de mi madre. No quiero dramatizar ahora, ni ponerme a contar las circunstancias y pormenores de aquello, solo lo que este adagio significó en ese momento para mí.

Fue al llegar a casa después del funeral. Mi madre estuvo varios días en coma, días eternos de espera e incertidumbres tras un inoportuno derrame cerebral, hasta que al final una tarde decidió irse definitivamente. Recuerdo el último beso cuando le quitaron ya todos los tubos y cables. Un beso en la frente pálida y tibia todavía. La piel conservaba algo de calor, de luz, de la vida que me concedió al nacer, retazos de caricias, de esa sonrisa tan peculiar en esos labios ahora deshidratados, de esa increíble mirada que se ocultaba ahora tras los párpados cerrados, perpetua oscuridad… perdón…

Fue al llegar a casa cuando me puse a escuchar esta obra maestra a todo volumen, no sé, podía haberme puesto otra, pero fue ésta, como si ella me hubiese elegido a mí, al momento, al instante, y no yo a ella. Sentí como cada nota se introducía dentro de mi cuerpo, me bañaba en un mar de calma, me zarandeaba, a veces, me llenaba, me vaciaba, me hablaba y me decía que no tuviese miedo, que todo estaba bien. Sí, los violines me hablaban, las violas, los violonchelos. La increíble melodía, tan bella, tan triste, pero con el toque justo de esperanza, de que la vida continúa. Y tras esa parte de la obra en el que los violines tocan las notas más agudas, como un grito, una mano alzada desde la oscuridad más absoluta pidiendo ayuda, le sigue una pausa y de nuevo la gravedad, la seriedad de la melodía como un bálsamo, como unos brazos a los que acudir, unos brazos que te dicen que siempre estarán allí para calmar tus miedos… y en ese momento me di cuenta de que estaba llorando, que no había llorado hasta entonces desde que todo comenzó. Y todo ese dolor que tenía acumulado, que me oprimía el pecho y el alma, se liberó con el final de esta maravillosa música… y lloré como un niño, como un hombre. Lloré de pena, de tristeza, de dolor, de rabia. Lloré por los finales inevitables y los principios desconocidos, por el amor, por la belleza, por la torpeza en entender de qué va la vida…

¡Ufff…! Son más de las nueve de la mañana, creo que lo voy a dejar así.

Gracias por acompañarme.

Un abrazo.

Francisco J. Berenguer

Escrito por

Solo tenemos dos vidas, la tangible, la que llamamos real, y la que soñamos o imaginamos. Cuando me piden que hable sobre mí siempre dudo hasta dónde profundizar, quizá ni yo mismo me conozca tanto para hablar sobre cómo soy. Prefiero escribir y que lo que refleje en esas lineas me describa, que hable de mi realidad, de mis sueños, de mis miedos, de lo que quiero ser o, incluso, de lo que aborrezco. Nuestras vidas discurren sobre pedazos de sueños rotos. Yo imagino sueños, creo mundos y construyo personajes e historias cada día. Me dicen que eso no es real, que tengo que salir y disfrutar de lo que la vida me ofrece, pero cada uno busca su parcela de felicidad y se intenta quedar donde la encuentra. No soy mucho más que eso, lo que lees, lo que imagino y lo que escribo.

5 comentarios sobre “Lo más triste y hermoso

  1. Siento mucho tu pérdida, Francisco… Pero puedes estar seguro que ella puso en tu mente la idea de que escuchases esta melodía tan maravillosa para que te liberases porque te ama y está y estará en tí siempre…
    Las lágrimas no son un sintoma de debilidad, existen porque el cuerpo es sabio y en su sabiduría sabe que es una vía de escape a un sentimiento que nos ahoga por dentro y debe de achicarse esa agua acumulada que solo genera más angustia y dolor…
    Es curioso como ayer en el post que subí puse este tema en unas voces maravillosas, casi celestiales y que voy a compartir contigo aquí y ahora también 🙂

    Abrazos de luz ❤

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    1. Gracias, Mamen, qué bonitas palabras, muchas gracias, de verdad, por tu comentario. Y cierto que es una casualidad lo de la música, no había leído todavía tu post, y ésta madrugada me he despertado con la melodía en la cabeza y se me ha ocurrido escribir sobre ella y lo que significa para mí.
      Un abrazo

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  2. Es cierto, poeta. La música ejerce de médico y de consoladora tantas veces. Es duro, durísimo perder a esa madre que te trajo a la vida, a la mujer que te querrá como ninguna otra. Y llorar es de hombres, claro que lo es.
    Eres un tío grande de verdad y sensible más no poder. Fuerte abrazo, compañero.

    Le gusta a 1 persona

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