En Febrero

Empleo más tiempo ante el armario abierto, decidiendo qué voy a ponerme, que desayunando, aunque ahora desayuno poco, bueno, y como poco y ceno poco y poco de todo, porque los excesos se acumulan en las zonas del cuerpo equivocadas, que… la verdad, qué les costaría a esos kilitos de sobra situarse estratégicamente y hacerme más esbelta y atractiva, pero no, ellos a su bola, la barriga, los muslos, la papada… qué malos son los sesenta… aunque no para todas, claro. Mira a Juani, mi amiga del alma, ella ha sido delgada toda su vida, cuántas veces me ha dicho que envidiaba mis tetas y mi culo y ahora soy yo la que deseo tener menos de todo, porque ella ha ensanchado un poco y yo casi el doble. Que la culpa se la cargo a los disgustos, a la menopausia y a la retención de líquidos, sí, pero a mí me cuesta cada vez más encontrar algo que ponerme con lo que sentirme a gusto y encima, ya está haciendo calor y sopla viento, que viene fresco, pero al sol te quemas… ¡Dios! ¡Qué poco dura el invierno en Alicante!

Y Jaime con sus chistecitos, que no digo yo que no me guste su sentido del humor, que tiene su gracia, pero cuando me dice que le gustan mis carnes y que no le importa que engorde de aquí o de allá me hace sentir un poco como una cerdita de las que se aprovecha todo, hasta los andares que él piropea. Estoy a gusto con él, no lo puedo negar, aunque la primera cita fue un desastre, el alcohol le jugó una mala pasada y eso que ya le advertía yo durante toda la noche que se estaba pasando, pero nada. Él dice que fueron los nervios, que lo perdonase y que le diese otra oportunidad. Y yo se la doy ¿cómo no? No tenía ninguna expectativa, no esperaba nada extraordinario de él y por eso no me defraudó, ya no tengo edad para ir ilusionándome como una chiquilla del primer hombre que me invite a cenar. Hemos vuelto a quedar hoy para comer y yo aquí rompiéndome la cabeza para ver qué me pongo.

Juani dice que es un error, que si no estoy del todo convencida no quede con él, que va a ser peor a la larga, que todavía soy joven y que espere a encontrar el amor de alguien que de verdad me vuelva a remover todo por dentro y que las fotos que duelen, aunque las tenga olvidadas en un cajón, no hacen olvidar el pasado. Quizá tenga razón, pero yo hace tiempo que dejé de creer en el amor, o más bien él dejó de creer en mí. Y además tan solo es una cita, la segunda ¿qué más da? No pienso enamorarme de nadie… otra vez, no de esa manera… no quiero recordar, ahora no.

El vestido negro con la chaquetita a juego, las medias negras, aunque mejor pantys para que no me aprieten en los muslos y un elegante pañuelo de seda negro con discretas flores rojas, zapatos de medio tacón. Sigo siendo atractiva, lo sé, sé que gusta lo que muestro y eso que todavía no saben cómo soy, cómo puedo llegar a sentir, mi capacidad de amar, de entregar, de darme toda…

Hace calor, aunque con rachas de un incómodo viento que viene fresquito. Jaime sonríe cuando entro en su coche, yo trago mis lágrimas, que no quería, pero tengo ganas de llorar y siento frío, tengo el invierno instalado en mis entrañas. Un caldero en Santa Pola dice que ha encargado, yo le digo que pare el coche y que me disculpe, que no me encuentro bien y me bajo allí mismo.

Hay historias que no se deben comenzar cuando existen otras que todavía sangran…

Francisco J. Berenguer

(Texto publicado en ASDA, en cuyo boletín tengo el placer de colaborar)