Mi pretérito perfecto

Tengo cuadernos de fotos repletos de recuerdos, de viajes, de imágenes de nuestros hijos, de vacaciones en la playa, de cumpleaños, de cenas con amigos y alguno de tus poemas.

Los repaso cuando nadie me ve. No soporto las bromas de mi hermana cuando me dice que parezco una vieja loca, siempre mirando libretas vacías. Dice que un día los tirará a la basura. Yo no digo nada, ya sabes lo prudente que soy, la dejo que hable y que hable hasta que se cansa. Además, ella sí que está vieja, y eso que es más joven que yo, pero no se cuida nada, solo se arregla un poco cuando viene Jose Carlos, el cura de la parroquia del barrio, el mismo que nos casó ¿recuerdas? A él le he enseñado alguna vez el álbum de nuestra boda y se queda mirándolo con preocupación, creo que no le gusta verse de joven en las fotos que sale, le harán sentirse mayor.

Mientras se calienta el agua para el té voy a mi rincón preferido en el salón, ese sillón tan cómodo bajo la ventana por donde entra el tibio sol de invierno, y me pongo a repasar nuestras cosas. Mi hermana está medio adormilada en la salita de estar, tapada con una mantita, viendo la novela de la tarde, no molestará.

Mira, esta es de Castellón, mira que cuerpo tenía, hay que ver lo bien que me sentaba el bikini… y tú la habilidad que tenías para quitármelo. Eso fue antes de tener a Rubén, creo que lo concebimos allí durante esas vacaciones o, por lo menos, lo intentamos… muchas veces… jajajaja. Luego están éstas, tres años después, mira que pequeñín y qué gracioso estaba. Ese día nos llovió ¿recuerdas? Tuvimos que recoger todo de la playa corriendo para ir a refugiarnos. Cómo tronaba y esos rayos que caían al mar, tan de repente. Ahí fue cuando Rubén cogió miedo a las tormentas, no paraba de llorar y llorar, y tú, el cabreo que cogiste porque te torciste un tobillo, con las prisas, y estuviste el resto de las vacaciones con el pie escayolado. Oh… mira qué guapo estás aquí, recién salido del mar, ¿ésta fue antes, verdad? Sí, claro, era cuando ibas al gimnasio y corrías todas las mañanas, se nota, la barriguita vino después… con los embarazos… jajajaja, yo los tenía y tú tenías la flacidez, las estrías… la buena vida, las cervecitas, los aperitivos… ¿Recuerdas cómo se llamaba ese bar tan pequeño y que al principio dudábamos entrar porque nos parecía poco higiénico, pero que hacían unos calamares y unas patatas bravas espectaculares?

¡Dios…! Se ha armado una gorda. Me he entretenido demasiado contigo y se ha quemado el cazo donde calentamos el agua de las infusiones. Mi hermana se ha puesto hecha una furia, me ha dicho de todo, no me atrevo ni ha repetir la mitad de lo que ha salido por su boca. Me ha dicho que voy a matarnos a las dos, que estoy muy loca y que soy un peligro. Luego ha cogido mis cuadernos y me los ha pasado abiertos muy cerca de la cara. Decía que los mirase, que están vacíos de fotos, que todo es plástico y hojas en blanco, que se los llevaba, al igual que los marcos de fotos sin fotos que tengo en mi habitación. Me ha dicho que estás muerto, que tan solo fuiste mi novio unos meses, que no tengo ni una triste foto de ti y que tuviste un accidente mortal con la moto hace más de cuarenta años. Quiso ser cruel, pero me dio pena por ella.

Se cree que todo eso no lo sabíamos.

La vida ¿acaso la vida no son solo recuerdos? ¿qué te queda de lo que has vivido? Y los recuerdos no son más que luces y sombras en nuestro cerebro. Fotografías distorsionadas y moldeables, imágenes de un pasado que no existe, sentimientos que perduran, deseos, imaginación… no querer olvidar a quien amas…

Yo creé una vida contigo y la recuerdo mejor que si la hubiéramos vivido. No necesito fotos ni videos, ni documentos. Cada día que estuvimos juntos valió por una vida entera y no quiero recordar tu trágica y prematura muerte, prefiero recordar tu vida, nuestra vida. Porque tú volviste esa noche de trabajar con tu moto, no hubo ningún accidente, e hicimos el amor ¿te acuerdas? Y esa misma noche me pediste que me casara contigo y yo te dije que no, pero luego que sí, estaba tan nerviosa… y nos casó Don Jose Carlos y nos fuimos de viaje a Italia y tú te intoxicaste con la salsa carbonara en un restaurante de Nápoles, y nos recorrimos la toscana en una moto con sidecar y recuerdo como parí a Rubén y años más tarde a Nerea, y tu sonrisa, tus ojos… y te sigo amando en la soledad de mi cuarto, cada noche, aunque vengas cansado de trabajar…

Yo estaré loca pero no habrá mucha gente que recuerde una vida mejor que la que yo he tenido, porque el amor no se acaba con la muerte, yo lo encontré un día y sigue vivo en mí…

Francisco J. Berenguer

Escrito por

Solo tenemos dos vidas, la tangible, la que llamamos real, y la que soñamos o imaginamos. Cuando me piden que hable sobre mí siempre dudo hasta dónde profundizar, quizá ni yo mismo me conozca tanto para hablar sobre cómo soy. Prefiero escribir y que lo que refleje en esas lineas me describa, que hable de mi realidad, de mis sueños, de mis miedos, de lo que quiero ser o, incluso, de lo que aborrezco. Nuestras vidas discurren sobre pedazos de sueños rotos. Yo imagino sueños, creo mundos y construyo personajes e historias cada día. Me dicen que eso no es real, que tengo que salir y disfrutar de lo que la vida me ofrece, pero cada uno busca su parcela de felicidad y se intenta quedar donde la encuentra. No soy mucho más que eso, lo que lees, lo que imagino y lo que escribo.

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