Café… ¿solo?

Resulta curioso cómo los sueños se desvanecen apenas despertamos. Tú me decías que para evitar que sucediera debías contárselo a alguien nada más despertar y siempre antes de desayunar, como si el café y las tostadas fueran una prolongación de la frontera entre los dos mundos.

Esta mañana no quiero olvidar lo que he soñado, pero no tengo a nadie con quien compartirlo, por eso evito desayunar y estoy aquí, sentado en la cocina, mirando la vieja cafetera italiana de aluminio que he puesto sobre la encimera, a fuego lento, esperando que suba el café.

Sí, es tu cafetera, la uso a diario. Al final he arrinconado la de cápsulas, la que me decías que hacía mucho ruido a pesar de ser tan cara. Nunca llegaste a reconocer que el café sabía mejor con ella, tú decías que sabía distinto, pero no mejor, que preferías lo clásico, y debo reconocer que tenías razón; el proceso de llenarla de agua, poner el café molido en su justa medida, enroscarla fuerte, ponerla al fuego y esperar hasta que el sonido del vapor te indique que está listo, tiene su encanto…

Y me sigue recordando a ti. A esas mañanas de domingo, tu sonrisa despeinada, desayunando en la cocina, desnuda bajo una camiseta de las mías que te cubría hasta medio muslo, el aroma del café recién hecho. Yo quemándome con las tostadas y tú escribiendo poemas en tu cuaderno con un bolígrafo chupado y mordido, que es lo que hacías cuando no te salía la palabra que buscabas.

Siempre me ha gustado tu letra y te daba igual que me burlara de los círculos que ponías sobre las íes, en lugar de puntos. Decías que eran globos y que los acentos y las comas los hacías laaargos porque eran como los hilos que sujetaban los globos a las letras para que no salieran volando.

Te he soñado y, como otras tantas veces, no quiero que te desvanezcas con el primer sorbo… por favor, no… hoy no.

Estábamos en la playa, no sé cuál, ya sabes, los sueños tienen estas cosas. Éramos muy jóvenes, como cuando comenzamos a salir. Tú estabas tumbada de espaldas sobre la arena tomando el sol sin la parte de arriba y yo te miraba, embelesado, admirando la belleza que respirabas y que a mí me cortaba la respiración. Hubo un momento que abriste los ojos y me miraste, sin decir nada, era tan dulce, tan hermoso, tan real. Juraría que en ese momento tú también estabas soñando conmigo y nuestras miradas se unieron traspasando lo onírico, rozando el milagro, compartiendo ese eterno minuto en el desván del paraíso…

Luego se hizo invierno, el sol entornó los párpados, un viento frío se levantó de improviso, tus pezones se endurecieron y toda tú te comenzaste a deshacer como una figura de arena, lentamente, hasta que el mar te hizo desaparecer y yo desperté empapado de ti.

Un día decidiste que debíamos terminar y te fuiste, con las razones justas. También, como la arena, te deslizaste entre las grietas de mis inseguridades y no supe retenerte, lo que te ofrecí no te pareció suficiente. Ahora solo te sueño y leo y releo el cuaderno que dejaste en tu lado de la cama, poesías improvisadas e inacabadas que ya recito de memoria.

Ha pasado mucho tiempo y ya no sé si sigues tomando café, si te has pasado a las cápsulas o ahora tomas té o cualquier otra infusión ¡qué más da!

Guardo tu cuaderno con recelo para que no se escapen los globos, para poder dejarlos volar juntos el día que vuelvas, porque sé que volverás… porque nadie se va para siempre y deja olvidado en el lugar del que se marchó los poemas que, latido a latido,  le surgieron del alma.

Quizás solo sea otro sueño que se desvanezca cuanto termine este café de domingo, porque no tengo a nadie a quien contarle, antes del desayuno, lo mucho que te echo de menos y la forma tan desgarradora en la que todavía te amo.

 

Francisco J. Berenguer

Escrito por

Solo tenemos dos vidas, la tangible, la que llamamos real, y la que soñamos o imaginamos. Cuando me piden que hable sobre mí siempre dudo hasta dónde profundizar, quizá ni yo mismo me conozca tanto para hablar sobre cómo soy. Prefiero escribir y que lo que refleje en esas lineas me describa, que hable de mi realidad, de mis sueños, de mis miedos, de lo que quiero ser o, incluso, de lo que aborrezco. Nuestras vidas discurren sobre pedazos de sueños rotos. Yo imagino sueños, creo mundos y construyo personajes e historias cada día. Me dicen que eso no es real, que tengo que salir y disfrutar de lo que la vida me ofrece, pero cada uno busca su parcela de felicidad y se intenta quedar donde la encuentra. No soy mucho más que eso, lo que lees, lo que imagino y lo que escribo.

9 comentarios sobre “Café… ¿solo?

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