DAVU (el principio)

No perteneces a ningún lugar, no tienes ninguna patria o nación. Tu tierra es la Tierra. Eres un hombre libre. Esas líneas dibujadas en el mapa no existen más que en la insensatez de los hombres, en nacionalismos estúpidos que pretenden crear zonas aisladas y protegidas tanto para los que quieren entrar o salir. No hay fronteras para ti. No debe haberlas. El mundo no pertenece a ningún ser vivo ni a ninguna especie. El ser humano tiene que poder caminar por cualquier punto del planeta sin pedir permiso ni pagar aranceles. Haz que todo esto sea posible, mi niño. Borra las líneas de colores del mapa y camina, y aprende… y vive.”

Davu, nació una noche del mes de Septiembre en un lugar indeterminado del mediterráneo. Su parto fue tan penoso y complicado que la vida parece que lo escupió fuera del útero de su madre cubierto de sangre, líquidos y heces, en el suelo de una sucia y abarrotada patera.

Dicen que es un milagro que hubiese sobrevivido y más aun, cuando la mujer murió horas después a causa de una hemorragia que su debilitado cuerpo no pudo controlar. Se quedó solo nada más nacer, pasando de mano en mano entre los extraños de aquella embarcación, donde nadie quería hacerse cargo de él. Un bebé envuelto en una manta que su madre tejió especialmente para ese momento y que apenas lloraba, como si sintiera que no tenía derecho a hacerlo o que fuese inútil, porque ella ya no era capaz de escucharlo. Alguien la empujó por la borda y rodó hasta caer al mar, discreta, sin apenas hacer ruido, como cuando parió a su hijo, tragándose el dolor y ahogando sus jadeos para no molestar a nadie. Pensaron en echarlo también a él al mar ya que lo daban por muerto y todos estaban muy nerviosos y aterrados presintiendo de cerca la muerte propia. Y eso hubieran hecho si alguien no hubiese gritado que veía acercarse un barco hacia su posición.

Ahora, Davu, cruzaba el mar en sentido contrario al de aquella noche. Habían transcurrido más de veinte años y allí estaba, navegando en un barco de pasajeros, con esa nota que su madre introdujo en un bolsillo oculto de la manta que ella cosió para él, antes de su nacimiento, la que escribió en el reverso de un mapa político donde lineas de diferente color delimitaban fronteras y países. 

Le gustaba imaginar el momento en el que ella la escribió. La veía descansando al anochecer tras una larga caminata, con los pies descalzos y acariciándole con infinita ternura a través de su prominente barriga. El mismo lápiz que había utilizado para marcar en el mapa la trayectoria que debía recorrer desde su casa hasta el mediterráneo, sirvió a su vez para escribirle ese mensaje, como presagio de una prematura despedida. Quizá ya notaba que algo no iba del todo bien en su embarazo y temía por sus vidas. 

Davu, estaba dispuesto a seguir esa linea de lápiz en dirección inversa a la trazada por su madre para conocer sus orígenes, para abrazar a su gente y llevarles esperanza. Sabía que lo que ella le pedía era muy difícil, porque muchas fronteras estaban escritas con sangre a través de varias generaciones y el ser humano necesita levantar muros hasta dentro de su propia casa, pero ya pensaba en la manera de hacer comprender que no es mérito de nadie el nacer en un país u otro, tan solo es casualidad, te debes sentir orgulloso de lo que haces por ti mismo y por los demás y no por la dirección que ponga en el pasaporte. Nacer es involuntario, la vida que elijas no, las circunstancias no siempre obligan.

En ese momento se sentía un hombre libre, feliz y pleno. Se sentía parte de la naturaleza, de la vida, donde cada molécula de su cuerpo se enlazaba con el sol que le calentaba, se mezclaba con la brisa que acariciaba su piel, se sentía enorme e insignificante a la vez, formando parte de un todo. Y mientras el barco sobrepasaba exactamente el mismo punto donde nació él y su madre muerta fue depositada en el mar, una imagen le vino de ella, flotando etérea con sus amplios ropajes, como alas incorruptas de mil colores y el rostro sonriente que nunca llegó a ver, con los ojos cerrados… como un ángel dormido…

 

Francisco J. Berenguer

Escrito por

Solo tenemos dos vidas, la tangible, la que llamamos real, y la que soñamos o imaginamos. Cuando me piden que hable sobre mí siempre dudo hasta dónde profundizar, quizá ni yo mismo me conozca tanto para hablar sobre cómo soy. Prefiero escribir y que lo que refleje en esas lineas me describa, que hable de mi realidad, de mis sueños, de mis miedos, de lo que quiero ser o, incluso, de lo que aborrezco. Nuestras vidas discurren sobre pedazos de sueños rotos. Yo imagino sueños, creo mundos y construyo personajes e historias cada día. Me dicen que eso no es real, que tengo que salir y disfrutar de lo que la vida me ofrece, pero cada uno busca su parcela de felicidad y se intenta quedar donde la encuentra. No soy mucho más que eso, lo que lees, lo que imagino y lo que escribo.

11 comentarios sobre “DAVU (el principio)

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