El desván

Solo aportas personajes vacíos, sin personalidad, sin alma. Así… ¿cómo coño vas a escribir algo decente? Aunque tengas una buena historia que contar son los protagonistas, principales y secundarios, los que tienen que conectar con el lector. Ya sabes cómo va esto: el héroe, el antihéroe, el punto de inflexión donde se enfrenta a tomar una importante decisión… Pero ante todo tienes que crear personajes creíbles, humanos, con los que se pueda empatizar. Fíjate y estudia a la gente que te rodea, tu familia, tus amigos…ah, claro, ese piensas que es el problema.

Pues estás equivocado. No, no, no… no te atrevas a decirme que las personas de tu entorno no son interesantes, cada ser vivo es único e irrepetible, todos tienen una vida propia, una historia dentro con sus aciertos, errores, alegrías, penas, miedos, secretos…

Perdona que te lo diga así, pero el problema está en ti.

No sé cómo has llegado a esto pero ¿no te das cuenta? Tú eres el que no tienes alma, ni personalidad, el que está vacío. Si no tienes nada dentro eres incapaz de ver algo en los demás, ni bueno ni malo.

Te lo dije hace tiempo, antes de que te encerrara en el desván, donde te volveré a meter. No puedo contar contigo todavía, no puedes ser el personaje protagonista de ninguna de mis historias, eres tan deprimente y tan… tan inhumano, tan…

Pero ¿qué dices? ¿Cómo te atreves a insinuar que soy yo el personaje y tú el escritor que me maneja?

No le des la vuelta. Tú no eres nadie y yo tengo una vida.

Llevo tiempo en casa, sí, sin salir apenas. Pero es por esta maldita depresión que me consume. Yo amo, siento y sueño, tengo un corazón que late tan fuerte que lo noto en mis sienes y mi cerebro hierve y produce mil ideas en un segundo. Soy más real de lo que nunca llegarás a ser.

¿Antes? ¿Que qué recuerdo de antes de esta conversación?

Nada, no recuerdo nada, pero debe ser por la medicación. Me incrementaron la dosis, creo…

No, por favor. No soy un miserable personaje de los tuyos.

No puedo ser solo frases y palabras escritas por el delirio de un desequilibrado como tú.

Mi sangre no puede ser la tinta de tu pluma.

No es justo… espera, tenía un amor ¿recuerdas? un amor de verdad, de esos eternos, de los que solo pasan en las películas… y en las novelas… pero, ya entiendo. Lo has acabado, has eliminado ese episodio de mi historia. No soy digno de ella. Prefieres hundirme en una enfermedad mental a que descubra y disfrute del amor y de la vida, pero ¿de qué vida hablo?

Tu mente no está mejor que la mía, lo sabes, somos pasajeros de la misma oscuridad.

Hace frío allí.

Cuando me abandonas no desaparezco.

Tan solo soy la parte de ti que quieres ocultar, la que quieres que se desvanezca en el olvido.

Pero sigo ahí, en ese inquietante rincón de tu mente,

donde las ideas queman, los amores mueren y los sueños quedan presos.

En el desván del paraíso.

 

Francisco J. Berenguer

4 comentarios sobre “El desván

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