Entre amigas

Si quisiera hacerlo lo haría… si pudiera

La beso todas las noches antes de dormir y no importa que no me corresponda de la misma forma. También beso a otra distinta por la mañana, a otra más cada ocho horas y, bueno, tengo otra reservada por si algún día la cosa se pone muy fea, aunque cuando llega ese momento ninguna de mis amigas puede evitar que una especie de angustia vital se me desborde por cada poro de la piel.

Volví a creer en la química, y no solo en ella, también en las hormonas, en los instintos animales que nos rigen, en los neurotransmisores y en las sinápticas conexiones de las neuronas. Volví a creer, pensar, a reconocerme y a sentirme seguro sabiendo que todo nace, se desarrolla y muere en el cerebro.

Todo controlado, como me gusta, ordenado, estructurado, con respuestas lógicas a los estímulos, simples o complicadas, pero predecibles, inteligentes, pragmáticas. Un lugar donde no tiene ningún sentido el amor, ni enamorarse, ni perder la cabeza por una mujer. Donde los sentimientos no hacen saltar alarmas por exceso ni por defecto. Donde las emociones están contenidas en su justa medida. No sientes, (gracias, mis pequeñas amigas) no piensas más de lo necesario para sobrevivir e integrarte de nuevo en el sistema y volver a ser productivo.

Pienso que la estabilidad está sobrevalorada. Es una felicidad impostada y subyugada a la comodidad, a evitar sobresaltos, a convencerte de que haces lo que debes, a obligarte a mantenerla por encima de tus deseos más íntimos, por encima de tus sueños y tus pasiones ocultas. Y la buscas, sacrificándote por ella o en la farmacia de tu barrio, con receta claro, tu camello de bata blanca particular te abastece de sobra.

Mirad, ya estoy bien, ya sonrío, ya paseo, ya duermo, hasta me hago la cama. Mi familia se alegra, mis amigos celebran que vuelva a salir con ellos de cañas, en el trabajo me reciben todos con cordialidad menos el que cubría mi puesto, que me mira receloso. El médico me firma el alta, ya estoy curado, aunque debo seguir besando a una por la noche y a otra por la mañana durante un largo tiempo. Ya soy lo que esperáis de mí. La imagen aceptada de mi fracaso personal, de la represión de mi personalidad, de mi derrota anunciada.

Y os sentís satisfechos de que sea como vosotros. De que no haya conseguido alcanzar mi sueño a pesar de lo mucho que he luchado por él. Os sentís aliviados porque vosotros no tuvisteis huevos para perseguir los vuestros y al contemplar mi fracaso sentís ese inconfesable placer interior al confirmar que teníais razón, que yo me comportaba como un loco irresponsable que había renunciado a vuestra normalidad, estabilidad, comodidad… La misma sensación como cuando en Navidad no te toca la lotería y ves que a ninguno de tu entorno le ha tocado, porque entonces envidiarías ser él en lugar de alegrarte por él. Un oscuro y vergonzoso placer que nunca reconocerías en público, porque está de moda ser mediocre de sentimientos y políticamente correcto, aunque la política esté lejos de la corrección deseada.

Pues mira, voy a juntar todas las pastillas/amigas que tengo y las tiraré al cubo de la basura. No más besos. Ya no quiero estar bajo su mágico influjo, deseo conocerme y reconocerme cuando hablo y cuando actúo. Me da igual que me desprecies, me envidies, me ignores o me admires. Soy yo y punto…

Aunque, ahora que las veo juntas… deben ser unas cuarenta o cincuenta, puede que más juntando las actuales y las que sobraron del tratamiento anterior. Tomadas todas a la vez debe ser un combinado mortal. ¿Cómo se atreven a dejar en manos de una persona con depresión tal cantidad de pastillas? He oído que mezcladas con alcohol el efecto es más rápido y definitivo.

Tengo una mano grande, caben todas en ella. Unos segundos para tragar, un buen lingotazo de ginebra y me tumbo en la cama a esperar. Vivo solo, es fin de semana, hasta el lunes nadie comenzará a echarme de menos, nadie vendría a rescatarme a tiempo para hacerme un lavado de estómago.

Qué delgada es la linea entre la vida y la muerte.

Creo que necesito hablar con alguien, voy a llamarte. Si escuchas que suena tu teléfono, por favor… descuelga…

 

Francisco J. Berenguer

11 comentarios sobre “Entre amigas

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  1. A veces es eso de gritar ante tantos sin que nadie siquiera gire su maldita cabeza. Es eso de gritarle al mundo sin que existe el mundo para uno, porque parece que el mundo es pqra todos , menos par ti.
    Pues aquí estoy, y nuncaxle cuelgo a los amigos, ni a los enemigos. Y sí, de la vida a la muerta hay solo una finísima línea, con dejar de respirar por unos mimutos es suficiente.
    Un placer leerte , Francisco. Y esperoque sea eso de entender a otros y empatizar, simplemente.

    Le gusta a 1 persona

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